Cine: El celuloide al ritmo de las masas

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Aquel día de 1967 un joven, Jean-Luc Godard acompañado del impetuoso François Truffaut, la intensa pareja de realizadores que dieron vida a la aclamada À bout de souffle, cinta que sirvió de parteaguas para la nouvelle vague -corriente vanguardista que tuvo su auge en Francia durante los años 60’s- irrumpieron en la sala principal de exhibiciones del Festival de Cannes, mientras gritaban consignas en pro del movimiento estudiantil y obrero del mayo francés. Godard, escudado de un rojo maoísta ponía su cine, su medio, su vida al servicio de la militancia, abandonando sus acostumbrados métodos de elaboración fílmica, para disponerse a crear un cine revolucionario para audiencia revolucionaria.

Ese año el festival de cine más importante de Europa no se llevó a cabo, gracias a las acciones provocadas por los precoces críticos de Cahier du cinema, en las ediciones siguientes el festival se vio obligado a tomar una postura sobre los acontecimientos sociales que se daban lugar en las universidades de todo París. Así nació la Quinzaine des réalisateurs, que rechazaba cualquier forma de censura o consideración política o diplomática en el cine y que se convertiría en una nueva sección paralela a partir de los años venideros.

La industria del film una vez más se encontraba al servicio de las masas en constante movimiento, al principio el centro de atención del cinematógrafo se fijaba en la salida de los obreros de una fábrica en Lyon al término de su jornada (La Sortie de l’usine Lumière à Lyon, 1895). Para después servir como testimonio de los diez días que estremecieron al mundo, narrados por el mítico Serguei Eisenstein, al llevar a la pantalla grande la dramatización del triunfo de los Soviets sobre la autocracia zarista, en su cinta de proporciones épicas (Octubre, 1927), miles de extras se abalanzan sobre las calles de Moscú, momento de connotaciones históricas -nunca se había usado tal cantidad de cuerpos humanos en una cinta- en la punta de la avanzada, enfrente de todos y sujetado de un blindado bolchevique, apuntando con su dedo índice hacia la victoria, se encuentra un triunfante Lenin interpretado por Vasili Nikándrov.

El cine es movimiento de las formas y los cuerpos, el movimiento de las masas es la fuerza con la que se inicia una revolución, la armonía entre estas dos visiones del arte se crea al observar a la cinematografía como un compendio de perspectivas históricas, psicológicas y sociales. El martirio provocado por el autoritarismo de las elites en el poder, termina cuando comienza el universo de los sueños, el proyector se enciende y reproduce la imagen sobre una superficie, es en ese instante en el que el alma del hombre es tan grande como sus ideales, donde todo puede ser.

Las diferentes culturas que han sufrido la opresión del fascismo, encontraron en el cine un proceso de catarsis (cine neorrealista italiano), de saneamiento de heridas. La memoria del mundo creo el lugar propicio para descargar sus más oscuros testimonios sobre la crueldad del hombre, el séptimo arte es ahora el megáfono de más alcance para protestar contra las injusticias y crear conciencia sobre las condiciones socio-políticas con las que tienen que lidiar nuestros hermanos en Europa, Latinoamérica y Asia.

@_marcoalvarez